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El gran mosaico y fresco de Roma, patrimonio arqueológico de 2.000 años.

El gran mosaico y fresco de Roma, patrimonio arqueológico de 2.000 años.

Roma vuelve a poner en primer plano uno de sus grandes tesoros arqueológicos: un mosaico mural de enormes dimensiones y un fresco de 2.000 años de antigüedad que permiten acercarse a la vida y al imaginario de la antigua ciudad.

Un descubrimiento excepcional bajo la colina del Opio

La capital italiana dio a conocer el denominado “Gran Mosaico”, una imponente obra romana de unos 10 metros de alto por 16 metros de ancho. Esta reliquia descansa bajo la colina del Opio, muy próxima al Coliseo y en un enclave profundamente conectado con los acontecimientos más célebres del pasado imperial de Roma.

Su rescate se enmarca en un largo procedimiento de preservación que se extendió por espacio de 14 años. Dicha intervención posibilitó la restitución de gran parte de un legado hallado en un principio en el transcurso de unas prospecciones arqueológicas llevadas a cabo en los años noventa.

Francesco Pacetti, arqueólogo responsable del proyecto, apuntó durante la presentación que los expertos estiman que este podría ser el mosaico mural más grande hallado hasta la fecha en el ámbito romano. Pese a ello, las pesquisas aún prosiguen, dado que los especialistas continúan con las excavaciones para delimitar la superficie completa de la obra.

Una parte de la obra no ha podido recuperarse, pero el segmento conservado ofrece una muestra extraordinaria del nivel artístico alcanzado durante el siglo I d. C. Sus dimensiones, composición y variedad de materiales convierten al conjunto en una pieza especialmente relevante para comprender la decoración monumental de la Roma imperial.

Una urbe portuaria contemplada desde el cielo

Uno de los elementos más sorprendentes del Gran Mosaico radica en el episodio central que plasma. Esta obra expone una urbe marinera circundada por fortificaciones y contemplada desde un punto de vista alzado, lo cual facilita apreciar diversos sectores de la ciudad, tales como plazas, baluartes y edificaciones relacionadas con el tráfico portuario.

Los colores que todavía permanecen visibles incluyen tonalidades azules y terracota. Aunque el paso de los siglos ha modificado la intensidad de algunos pigmentos, la restauración ha permitido recuperar buena parte de la riqueza cromática de la escena.

La representación no se limita a una imagen arquitectónica. En distintas partes aparecen personajes y elementos que parecen formar parte de una narración visual. La disposición de las figuras recuerda, en cierta medida, a una puesta en escena teatral, con distintos episodios desarrollándose dentro de un mismo espacio.

En la parte superior se aprecian diversas figuras ubicadas en primer plano. Sobresale entre ellas un pensador barbado a escala real que marcha junto a su musa. Igualmente se distinguen un muchacho dedicado a la poesía, múltiples estatuas y un armazón escénico ornado mediante columnas, guirnaldas junto a elementos vegetales entrelazados.

El conjunto fue enriquecido mediante el uso de mármoles azules y blancos, además de piedras de distintos tipos. Estos materiales ayudaban a generar efectos visuales destinados a recrear el brillo de la luz sobre el agua y la superficie del mar.

Precisamente, uno de los grandes misterios que siguen sin resolverse es el nombre de la urbe plasmada. Los expertos aún no logran precisar si corresponde a un enclave portuario auténtico, identificado por los ciudadanos de la época romana, o bien a una metrópoli ficticia concebida por los creadores.

Pacetti aclaró que ninguna urbe documentada encaja por completo con los rasgos mostrados. Pese a esto, los expertos tampoco descartan la posibilidad de que el paisaje se inspire en algún enclave portuario activo en la época de creación del mosaico.

El vínculo con Nerón y las Termas de Trajano

La situación del mosaico aporta un atractivo suplementario al relato. El edificio se sitúa a los pies de la colina del Opio, aquella misma zona donde el emperador Nerón mandó erigir la Domus Aurea tras el incendio devastador de Roma.

La residencia imperial fue construida entre los años 64 y 68 d. C. y se caracterizó por su extraordinario despliegue arquitectónico y decorativo. Sin embargo, los investigadores todavía no pueden establecer con certeza si el Gran Mosaico perteneció originalmente a alguna de las dependencias de la Domus Aurea.

Otra opción es que perteneciera a una finca privada autónoma que más tarde se fusionó con el recinto imperial. Este asunto sigue bajo estudio arqueológico, por lo que resultará imprescindible analizar tanto la traza constructiva como su vínculo con las edificaciones adyacentes con el fin de esclarecer su cometido original.

La evolución del sitio dio un giro definitivo décadas más tarde. Hacia el año 109 d. C., bajo el mandato del emperador Trajano, el sector entero fue remodelado con el propósito de levantar un imponente complejo de baños públicos.

Esto plantea la posibilidad de que tanto el mosaico como otros elementos decorativos cercanos fueran contemplados por los usuarios de las instalaciones. Una obra originalmente vinculada con espacios residenciales pudo convertirse así en parte del entorno visual de un complejo público frecuentado por los habitantes de Roma.

El conjunto arqueológico de las Termas de Trajano ocupa alrededor de 60.000 metros cuadrados. Entre sus estructuras destaca una gran exedra, un muro semicircular de contención con nichos que han llevado a los investigadores a plantear que el complejo pudo incluir también una biblioteca.

Un fresco que amplía la visión de la antigua ciudad

A poca distancia del Gran Mosaico se localiza otra obra fundamental para entender el programa decorativo del sector: el fresco bautizado como la “Ciudad Pintada”.

La pintura mural también se descubrió en el transcurso de las excavaciones llevadas a cabo en los años noventa y data del siglo I d. C. Con una extensión estimada en 10 metros cuadrados, muestra una urbe amurallada dotada de diversos componentes arquitectónicos que se distinguen con facilidad.

Entre sus elementos sobresalen un acceso que comunica con la dársena, viales, un coliseo y un santuario. Dicha disposición guarda ciertas concordancias argumentales con el Gran Mosaico, sobre todo debido a la plasmación de entornos metropolitanos y marítimos.

Su ubicación, entre dos pilares próximos al acceso al área donde apareció el mosaico, refuerza la importancia del conjunto como espacio decorativo. La restauración de ambas piezas permite observar cómo los artistas romanos utilizaban representaciones arquitectónicas para crear escenas complejas en superficies interiores.

A pesar de que el vínculo entre ambos trabajos demanda un análisis más profundo, su cercanía temporal y espacial brinda a los expertos una valiosa ocasión para examinar los modos en que se representaban los núcleos urbanos en la época imperial.

Los arqueólogos todavía buscan nuevas escenas

La investigación no ha terminado con la presentación pública del mosaico. Los arqueólogos continúan trabajando en el lugar con la intención de descubrir otra sección de la composición.

El área que se busca restaurar abarca una representación vinculada a la recolección de la uva y la producción vinícola. Su eventual integración al grupo aportaría información novedosa respecto al sentido global de la pieza y al modo en que se estructuraban los diferentes pasajes.

La continuación de las excavaciones también podría ayudar a establecer hasta dónde se extendía originalmente el mosaico y determinar si existen otras partes todavía ocultas bajo los estratos arqueológicos.

Para facilitar la conservación y permitir que el público pueda contemplar las piezas, las autoridades han instalado pasarelas dentro del complejo. También se incorporó un sistema de iluminación diseñado para resaltar los detalles de las superficies decoradas sin sustituir la apariencia propia de los materiales antiguos.

El recinto también contará con nuevas aplicaciones culturales. Los dirigentes de Roma han comunicado que la zona albergará en breve presentaciones de libros, una labor que teje un puente simbólico con el hipotético cometido bibliotecario que pudo desempeñar un sector del conjunto en tiempos remotos.

La recuperación del Gran Mosaico y de la “Ciudad Pintada” no solo amplía el conocimiento sobre el arte romano, sino que también permite observar cómo distintos espacios de la antigua Roma cambiaron de función a lo largo del tiempo. Lo que pudo haber sido parte de un entorno residencial terminó integrado en unas termas públicas y, casi dos milenios después, vuelve a formar parte de la vida cultural de la ciudad.

Por Inés Valcárcel

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